
Komorebi
Esta palabra, que solo existe en japonés, designa la luz del sol que se filtra a través de las copas de los árboles.
Se trata no sólo de una imagen buscada por quienes aman los bosques, sino también un símbolo del origen solar de los árboles y la madera.

La primera vez que vio un rayo de sol colarse entre los árboles, pensó que se trataba de magia, nunca había visto algo así. O tal vez sí, pero nunca se había detenido a mirar. La luz se reflejaba entre las hojas y su color brillante se fragmentaba en mil pedazos: naranja, rojo, marrón, dorado. Las copas de los árboles se convertían en prismas de luz y refractaban los rayos de un lado al otro.
La familia de Akira ha vivido en el bosque Aokigahara desde hace casi un siglo, su casa ha sido casa de sus abuelos, de los papás de sus abuelos, de los abuelos de sus papás. Casi seis generaciones habitando las mismas paredes hechas de madera del bosque. Akira no dejaba de pensar que su casa también estaba hecha de la luz que, durante el día, baña los árboles.

«Komorebi», enunció su padre. Una palabra que Akira nunca había escuchado antes. Ese es el nombre para definir lo que viste hoy, le dijo, la belleza de un baile entre luces y sombras, entre rayos y árboles. Y Akira significa brillante, continuó, porque cuando te vi por primera vez, sentí lo mismo que cuando vi a la luz del sol filtrarse entre las ramas de este bosque-hogar.
