
Kodama
Kodama es la palabra japonesa para «eco», pero su significado literal es «espíritu de los árboles».
En el folklore de la isla se cree que el eco es provocado por pequeños dioses que habitan el bosque, y que acompañan a cada árbol durante toda su vida.

Desde mucho antes de que surgiera la lengua en que estás leyendo estas palabras, los habitantes de las aldeas cercanas a los bosques japoneses se aventuraban en sus senderos para cosechar madera. Uno de ellos era tan hábil que aprendió a reconocer todas las especies de árboles y reconocer la diferencia en el ruido que hacía un ciervo al pisar cada tipo de planta. Su nombre era Yamato, y era célebre en su aldea por conseguir la mejor madera.
Cuando empezó a sentir el peso de los años, decidió tomar un aprendiz para transmitirle sus secretos. Le enseñó las ramas que funcionan mejor para una fogata, la importancia de los cortes y la época en que debe cosecharse cada árbol. Le explicó que el eco, esa voz que repetía sus gritos en la profundidad del bosque, era provocado por los kodama, espíritus que habitaban ciertos árboles. Los kodama, le dijo, son guardianes del territorio y por ningún motivo debía tomar madera de su hogar.

Poco después de la muerte de Yamato, el aprendiz heredó su fama. Había aprendido rápido las artes de su maestro, y llegaban a buscarlo incluso hombres de otras aldeas. Envalentonado por su éxito, decidió hendir su hacha sobre un árbol de kodama. Al instante el árbol comenzó a sangrar, el bosque se llenó de un eco ensordecedor y el aprendiz salió del bosque enloquecido. Por más que lavó sus manos, nunca pudo limpiar su color rojo. La vergüenza le impidió volver a cosechar madera, pero le mostró sus secretos a su hijo, que llamó Kodama para honrar al bosque. Desde entonces la madera de la región, aunque no provenga de los árboles sagrados, es conocida como Kodama.
