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Koyo

En el haiku, el otoño representa el paso del tiempo, la calma que sigue a la efervescencia del verano.
Koyo designa este paisaje de tonos rojos y anaranjados que transforma el bosque antes del invierno.

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En un pueblo de Hokkaido, al norte del archipiélago japonés, hay una pequeña ciudad de pescadores. Es una de las últimas noches del verano, y las cigarras todavía inundan las calles con su canto. En medio de la ciudad oscura, hay una única ventana iluminada: es la habitación de Kyoko, una niña de 8 años que no logra conciliar el sueño. Sabe que el verano está llegando a su fin, que pronto los árboles perderán sus hojas y un viento helado llenará las calles donde antes estaba el canto de las cigarras.

Envuelta en sus ensoñaciones, Kyoko cae sin percatarse en un sueño profundo. Estaba en un sendero del bosque primaveral: flores de todos los colores iluminan el camino, los cantos de incontables pájaros e insectos forman un concierto vibrante. Trató de tomar una flor, pero era como si fuera un espectro: podía ver y escuchar todo lo que ocurría, pero no podía ser vista ni interactuar con nada. De pronto vio que las flores comenzaban a marchitarse, los animales a esconderse, las aves a enmudecer. El cielo se tornó oscuro y los árboles perdieron sus hojas. Una profunda tristeza la invadió, y cuando el bosque se cubrió de blanco se dio cuenta de que estaba llorando.

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Con el rostro oculto entre las manos, le tomó un rato darse cuenta cuando la nieve empezaba a derretirse. Un rayo de sol se filtró entre sus dedos y la hizo alzar la vista de nuevo. Vio pájaros que bebían de los charcos de escarcha derretida, flores que brotaban de las hojas muertas. Cuando el sol salió plenamente, vio que los animales se despertaban de su sueño invernal y que, gracias a su descanso, parecían tener más vida que nunca. Se despertó cuando ya era de día y, al ver por la ventana, se maravilló de ver los infinitos matices de rojo y naranja en los árboles de la montaña. Entendió la palabra Koyo, que hace mucho tiempo le había dicho su madre: el otoño de verdad es una segunda primavera en la que cada hoja es una flor. Salió al jardín y pisó contenta la primera hoja seca del otoño.

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